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La Unión Europea deja la recapitalización directa de los bancos para 2014

Friday 19 October 2012, by Carlos San Juan


Berlín y París discrepan, pero Alemania se lleva el gato al agua. La canciller alemana, Ángela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, se enfrentaron abiertamente anoche en Bruselas sobre la unión bancaria y la supervisión única del Banco Central Europeo (BCE), que puede tener efectos directos sobre la recapitalización directa de los bancos españoles. Francia defendía posiciones que favorecen a España; Alemania y sus aliados llevan semanas presionando en sentido contrario. Ganó la canciller: la UE acordó un calendario que en la práctica retrasa la supervisión única efectiva y por lo tanto la recapitalización directa de bancos respecto a las fechas previstas inicialmente, aunque puede que más adelante España consiga alguna contrapartida. Los detalles técnicos (fundamentales para España) “se decidirán en el Eurogrupo”, la reunión de ministros de Economía y Finanzas de la eurozona, dijo el presidente del Consejo, Herman Van Rompuy. Para ahí quedan los cuchillos largos.

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Se trata de una mala noticia para el Gobierno de Rajoy. Pero a la vista de la posición de partida de Alemania no parece un mal acuerdo: la unión bancaria sigue su curso, con plazos más realistas, pese a que se descarta la aceleración que quería París para dar un balón de oxígeno a los países que más lo necesitan.

En plata: para Madrid, la recapitalización directa de los bancos por parte del mecanismo de rescate europeo se complica. Esa posibilidad llegará demasiado tarde para los intereses españoles. Pero al menos la unión bancaria sigue adelante: eso llevó a Hollande a afirmar que lo peor “ha pasado ya”, con un triunfalismo que recordó al de su antecesor, Nicolas Sarkozy. Además, en principio será España quien se haga cargo de los activos tóxicos depositados en el banco malo, pese a que de la cumbre del pasado junio salió exactamente lo contrario: que el mecanismo de rescate europeo se comería esos activos heredados para dejar el contador a cero e impedir que los problemas bancarios de España acabaran sembrando dudas en los inversores por su conversión en deuda del Estado. Eso es exactamente lo que debe discutirse en el Eurogrupo: fuentes españolas aseguran que el mecanismo de rescate europeo podría hacerse cargo de una parte del rescate. Pero esa posibilidad es incierta. Dependerá del margen de negociación que impongan Berlín y sus aliados.

Los Veintisiete acordaron completar el trabajo legal para tener un supervisor bancario único para finales de este año, y poner en marcha ese mecanismo (que será el BCE) “a lo largo de 2013”. Eso supone dejar la recapitalización directa de bancos por parte del mecanismo europeo de rescate para 2014, tal y como pretendía Alemania, tal y como pidió Mario Draghi hace unos días en Tokio. Tanto la Comisión Europea como el BCE ya habían adelantado las posiciones germanas ganaban terreno, pese a que los representantes del Gobierno francés han mantenido hasta hoy mismo que Europa debía atenerse al “espíritu y la letra” de lo que se había pactado en la cumbre del pasado mes de junio .

El cambio de tercio se fraguó en Helsinki el pasado 25 septiembre. Los ministros de Finanzas de Alemania, Holanda y Finlandia dejaron allí muy claro que las condiciones para España iban a ser más duras de lo esperado hasta entonces. Los tres Gobiernos que mantienen la máxima nota crediticia (la triple A) anunciaron que el supervisor bancario no iba a estar listo para el próximo mes de enero, como así ha sido. Y explicaron que no basta con poner en marcha el supervisor para poder recapitalizar bancos a través del mecanismo de rescate: el BCE deberá funcionar a velocidad de crucero para que eso suceda. Así lo repitieron esta noche Van Rompuy, Barroso y Merkel. Eso desnaturaliza los acuerdos de la cumbre del pasado junio, tanto la letra (relacionada con el calendario), como ante todo la música: Bruselas pretendía que con esa medida se rompiera el círculo vicioso entre los problemas bancarios y los de deuda pública, tan visibles en países como Irlanda y España. Eso queda totalmente en entredicho.

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El puñetazo encima de la mesa de los ministros de Alemania, Holanda y Finlandia diluye las esperanzas del Ejecutivo de Mariano Rajoy de que el rescate bancario se haga directamente a través del recién estrenado fondo de rescate europeo, el llamado Mecanismo de Estabilidad o MEDE. Los 40.000 millones que va a costar la recapitalización bancaria, de esa manera, elevarán la deuda pública española. Finalmente, no caerán bajo el paraguas del rescate europeo.

El Gobierno, que hasta el inesperado movimiento de Alemania y sus aliados había defendido la importancia de poder recapitalizar sus bancos con el dinero europeo, comenzó a asumir hace ya unas semanas que había perdido la batalla minimizando los daños. “Son solo cuatro puntos del PIB. Todavía tendríamos un porcentaje de deuda pública por debajo de la media europea”, justificaban fuentes del Ministerio de Economía haciendo de la necesidad virtud. Ayer, sin embargo, fuentes españolas defendían que aún existe la posibilidad de que al menos una parte de la factura no la pague España.

Del fondo de garantía de depósitos comunitario y del fondo de liquidación de bancos (las dos propuestas más ambiciosas, que supondrían una unión bancaria completa) ni siquiera hay plazos conocidos. Porque esos dos fondos supondrían, a la postre, una mutualización de la deuda por la puerta de atrás. Y de eso Alemania no quiere oír una sola palabra. Al menos hasta las elecciones generales, en otoño del próximo año.

Se trata de una mala noticia para el Gobierno de Rajoy. Pero a la vista de la posición de partida de Alemania no parece un mal acuerdo: la unión bancaria sigue su curso, con plazos más realistas, pese a que se descarta la aceleración que quería París para dar un balón de oxígeno a los países que más lo necesitan.

En plata: para Madrid, la recapitalización directa de los bancos por parte del mecanismo de rescate europeo se complica. Esa posibilidad llegará demasiado tarde para los intereses españoles. Pero al menos la unión bancaria sigue adelante: eso llevó a Hollande a afirmar que lo peor “ha pasado ya”, con un triunfalismo que recordó al de su antecesor, Nicolas Sarkozy. Además, en principio será España quien se haga cargo de los activos tóxicos depositados en el banco malo, pese a que de la cumbre del pasado junio salió exactamente lo contrario: que el mecanismo de rescate europeo se comería esos activos heredados para dejar el contador a cero e impedir que los problemas bancarios de España acabaran sembrando dudas en los inversores por su conversión en deuda del Estado. Eso es exactamente lo que debe discutirse en el Eurogrupo: fuentes españolas aseguran que el mecanismo de rescate europeo podría hacerse cargo de una parte del rescate. Pero esa posibilidad es incierta. Dependerá del margen de negociación que impongan Berlín y sus aliados.

Los Veintisiete acordaron completar el trabajo legal para tener un supervisor bancario único para finales de este año, y poner en marcha ese mecanismo (que será el BCE) “a lo largo de 2013”. Eso supone dejar la recapitalización directa de bancos por parte del mecanismo europeo de rescate para 2014, tal y como pretendía Alemania, tal y como pidió Mario Draghi hace unos días en Tokio. Tanto la Comisión Europea como el BCE ya habían adelantado las posiciones germanas ganaban terreno, pese a que los representantes del Gobierno francés han mantenido hasta hoy mismo que Europa debía atenerse al “espíritu y la letra” de lo que se había pactado en la cumbre del pasado mes de junio .

El cambio de tercio se fraguó en Helsinki el pasado 25 septiembre. Los ministros de Finanzas de Alemania, Holanda y Finlandia dejaron allí muy claro que las condiciones para España iban a ser más duras de lo esperado hasta entonces. Los tres Gobiernos que mantienen la máxima nota crediticia (la triple A) anunciaron que el supervisor bancario no iba a estar listo para el próximo mes de enero, como así ha sido. Y explicaron que no basta con poner en marcha el supervisor para poder recapitalizar bancos a través del mecanismo de rescate: el BCE deberá funcionar a velocidad de crucero para que eso suceda. Así lo repitieron esta noche Van Rompuy, Barroso y Merkel. Eso desnaturaliza los acuerdos de la cumbre del pasado junio, tanto la letra (relacionada con el calendario), como ante todo la música: Bruselas pretendía que con esa medida se rompiera el círculo vicioso entre los problemas bancarios y los de deuda pública, tan visibles en países como Irlanda y España. Eso queda totalmente en entredicho.

El puñetazo encima de la mesa de los ministros de Alemania, Holanda y Finlandia diluye las esperanzas del Ejecutivo de Mariano Rajoy de que el rescate bancario se haga directamente a través del recién estrenado fondo de rescate europeo, el llamado Mecanismo de Estabilidad o MEDE. Los 40.000 millones que va a costar la recapitalización bancaria, de esa manera, elevarán la deuda pública española. Finalmente, no caerán bajo el paraguas del rescate europeo.

El Gobierno, que hasta el inesperado movimiento de Alemania y sus aliados había defendido la importancia de poder recapitalizar sus bancos con el dinero europeo, comenzó a asumir hace ya unas semanas que había perdido la batalla minimizando los daños. “Son solo cuatro puntos del PIB. Todavía tendríamos un porcentaje de deuda pública por debajo de la media europea”, justificaban fuentes del Ministerio de Economía haciendo de la necesidad virtud. Ayer, sin embargo, fuentes españolas defendían que aún existe la posibilidad de que al menos una parte de la factura no la pague España.

Del fondo de garantía de depósitos comunitario y del fondo de liquidación de bancos (las dos propuestas más ambiciosas, que supondrían una unión bancaria completa) ni siquiera hay plazos conocidos. Porque esos dos fondos supondrían, a la postre, una mutualización de la deuda por la puerta de atrás. Y de eso Alemania no quiere oír una sola palabra. Al menos hasta las elecciones generales, en otoño del próximo año.

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